Por fín llegó el GRAN DÍA, tocaba ir de excursión y todo lo que habíamos anticipado llegaba el momento de ponerlo en práctica.
Lo primero de todo era que teníamos que preparar nuestra mochila con las cosas que habíamos decidido en clase e ir a la parada del autobús. Les dijimos adios a nuestras familias y ¡no lloró ni uno!, ¡son unos auténticos campeones!. Nos sentamos con la pareja que habíamos elegido y nos pusimos el cinturón, respetamos las normas del autobús: mirar hacia delante, no molestar a los compañeros ni al conductor y ¡tampoco se mareó nadie!
Llegamos a la granja y tuvimos que buscar el cartel que pusiera MOLINO y ... ¡lo encontramos! y una vez allí, nuestra amiga TISTE nos estaba esperando con todas sus amigas para enseñarnos toda la granja, vimos los animales, las plantas, y nos pusimos ¡manos a la masa! con la cocinera, sí, porque tuvimos que hacer pan o las rosquillas para que todos merendásemos y estaban... de-li-cio-sas.
También hicimos el taller de los aromas donde pudimos trabajar con la Duende... ¡qué bien huelen!
Entre talleres, nos prepararon una riquísima comida con macarrones, ensalada, tortilla y plátano y fueron unos campeones porque se lo comieron todo, alguno hasta repitió.
Nos maquillamos, jugamos al paracaídas y disfrutamos de un día estupendo rodeados de naturaleza y muy buena compañía.
Llegó el momento de la despedida y agradecimos el día y el trato recibido a nuestras amigas de la granja y el camino en autobús, como estaban rendidos, muchos acabaron en un lindo sueño.
Día intenso, pero mereció la pena.
Después, en clase, toca ordenar todas las ideas y reflexionar sobre lo aprendido.

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